Lo sublime
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| Evento de música clásica en el teatro Julio Mario Santo Domingo en el marco del Festival de las Artes Vivas en Bogotá. |
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| El evento fue el 28 de marzo del 2026. Asistió Sofía. |
Vivaldi fue un célebre compositor, virtuoso violinista y sacerdote católico italiano del Barroco. Quien en 1723 compuso las cuatro estaciones, en las que mediante las 4 cuerdas de su violín intentaba representar las emociones, sensaciones, situaciones cotidianas y características propias de cada estación del año. El frío invierto, la esperanzadora primavera, el cálido verano y el sombrío otoño. Su obra sigue conmoviendo corazones tras más de 300 años de su composición y ha dado lugar a que otros artistas como Piazzolla y Richter hicieran sus 4 estaciones. El Julio Mario Santo Domingo me dio el placer de escuchar las composiciones de estos 3 artistas (Piazzolla, Richter y Vivaldi) por primera vez, juntas, en Bogotá.
🎻¿Por qué fue sublime esta obra?
Lo sublime se refiere a una experiencia que va más allá de lo simplemente bello o agradable. No es solo algo “bonito” o armonioso, sino algo que impacta profundamente, que sobrepasa nuestra capacidad de comprensión y nos genera una mezcla de emociones intensas: asombro, admiración, sobrecogimiento e incluso una ligera inquietud. Sublime son las matemáticas o la música.
En este caso, Desde que comenzó el concierto no pude parar de llorar, se me erizó la piel y en mi surgió un sentimiento indescriptible. La armonía era perfecta, los bailarines estaban conectados con cada nota . Me llenaba de regocijo la interpretación perfecta de los artistas.
En este sentido, la música de Antonio Vivaldi trasciende lo meramente armónico para convertirse en una vivencia que desborda los sentidos.
Desde que comenzó el concierto no pude parar de llorar; mi piel se erizó y en mí surgió un sentimiento difícil de nombrar. No era solo admiración por la precisión técnica de los músicos o la belleza de la interpretación, sino una sensación de inmensidad que me sobrepasaba. La armonía parecía expandirse más allá del espacio, y los bailarines, profundamente conectados con cada nota, amplificaban esa experiencia, como si el cuerpo también pudiera traducir lo inefable de la música.
Este regocijo no era únicamente placer, sino una mezcla de asombro, intensidad y entrega emocional total. En ese momento, la obra se convirtió en una experiencia sublime, algo que no solo se aprecia, sino que se siente profundamente y transforma al espectador.
Aunque pidieron que no fuera grabado el show a continuación encontrará unas evidencias en vídeo de un poco de lo que fue este maravilloso concierto.


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