Lo bello


LO BELLO: Las obras que se inscriben en la categoría de lo bello permiten comprender que la estética no se agota en definiciones simples. Lo bello, lejos de ser únicamente lo agradable o lo útil, es una experiencia sensible que deleita sin que necesariamente satisfaga un apetito o cumpla una función práctica. Como lo plantea la filosofía del arte, lo bello posee un sentido objetivo que trasciende el gusto individual y genera una experiencia de armonía, equilibrio y contemplación desinteresada. Las obras que se presentan a continuación, encontradas en el Museo Nacional de Colombia, encarnan esta categoría desde distintos registros: el retrato, lo sagrado, la orfebrería y la escultura.




Elvira Tanco de Malo O'Leary – Epifanio Garay (1892)

Esta pintura al óleo es un ejemplo claro de lo bello como ideal de armonía y elegancia. La composición equilibrada, la suavidad de los tonos cálidos y la delicadeza con la que Garay retrata a la figura femenina generan una experiencia estética que no perturba ni desafía, sino que invita a la contemplación serena. La ropa, la postura y la mirada de la retratada evocan un canon de belleza propio del siglo XIX: refinado, contenido y armónico. Aquí lo bello no es exceso, sino proporción.






Rosa Biester de Acevedo – Ricardo Acevedo Bernal (1905)

En este óleo, lo bello se manifiesta en la gestualidad y la luz. El tratamiento impresionista de la pincelada genera una sensación de movimiento suave, casi musical. El rostro de la retratada emerge con naturalidad del fondo, sin estridencias, logrando esa armonía entre forma y color que caracteriza la experiencia de lo bello. No hay ruptura, no hay incomodidad: la obra invita a permanecer, a dejarse llevar por su atmósfera.




Retablo portátil con figuras de la crucifixión en el monte del Calvario – Taller desconocido, Siglo XVIII

Este retablo en madera tallada, policromada, estofada y esgrafiada es una pieza en la que lo bello se construye desde la abundancia ordenada. Fabricado en Quito y llevado a Popayán, el retablo condensa una mezcla cultural entre lo europeo, lo indígena y lo afroamericano que se expresa en sus ornamentos: aves, insectos, flores de clusias y cayenas, frutos como cacao y patillas. Lo bello aquí no es frío ni austero, sino cálido, detallado y profundamente humano. Cada elemento coexiste en armonía dentro del conjunto, generando una experiencia visual densa pero equilibrada






Santa Bárbara –  Siglo XVIII

Esta pintura religiosa sobre tela evoca lo bello en su dimensión más clásica: la serenidad de la figura, la composición contenida y la suavidad cromática. En la tradición pictórica colonial, la belleza de las figuras sagradas no buscaba sorprender sino elevar. La obra logra ese efecto: ante ella, el espectador no se agita, sino que se detiene.









Guirnalda ofrendada a Simón Bolívar – Orfebres del pueblo de Cusco

Esta pieza de orfebrería en oro americano, elaborada por artesanos indígenas del Cusco y entregada a Antonio José de Sucre en 1826 como reconocimiento a su participación en la liberación del Perú, encarna lo bello desde la artesanía y el símbolo. La precisión del trabajo en metal, la elegancia de la forma circular y el valor histórico que la rodea convierten a esta guirnalda en un objeto que deleita tanto por su forma como por lo que representa. Lo bello, aquí, también es memoria.










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